Cambios Climáticos

 

El siguiente post es una colaboración por parte de Ramón J.Hernández en el blog:

 

Con frecuencia nos preguntamos, ¿por qué no reaccionamos antes los amenazantes informes científicos que nos asaltan cada día, algunos realmente espeluznantes, sobre las consecuencias de los cambios climáticos que se nos avecinan?

 

Existen tres causas a mi modesto entender fundamentales:

 

  1. El efecto al que permitirme llamar “comunidad de vecinos”, en el que poco acertadamente nos decimos, para que voy a disminuir mi consumo si yo no soy el que pago la factura.
  2. Los fuertes intereses empresariales bien sustentados en el poder político.
  3. Y el efecto de la disonancia cognitiva sobre la que va la reflexión de hoy.

 

Veamos el contexto.

 

Las áreas del cerebro destinadas al razonamiento -la corteza prefrontal y otras-, han sido analizadas con estudios científicos en situaciones en las que a la mente se le pide dar cabida a ideas nuevas que entran en claro conflicto con convicciones ya existentes que frecuentemente están bien asentadas. El resultado de esta disonancia cognitiva que se pudo observar, es que estas áreas del neocortex apagan su actividad realmente, dificultando de este modo la realización de juicios correctos en la toma de decisiones. Cuando las nuevas ideas contradictorias asaltan lo ya establecido, y más si nuestro cerebro se encuentra acomodado, al cegarse el proceso de análisis racional surgen prevalentes las voces disuasorias procedentes del cerebro límbico, el “reptiliano”, que libres del equilibro nos vuelven irracionales y a la vez acomodados hacia lo preconcebido, a lo que siempre fue considerado como bueno.

 

El psicólogo francés Jean Piaget habla de que cuando observamos la capacidad para conciliar nuevas ideas en conflicto, se aprecia que el proceso de acomodación es más fácil que el de asimilación o facultad de aceptar como buena una idea nueva como enteramente cierta. Pero hay alguna información más.

 

Los estudios realizados muestran que el cerebro no solo rechazará el mensaje disonante, sino que se sentirá sorprendentemente bien en esa situación. Drew Western de la Universidad de Emory estudiando como se produce esta función y analizando a las personas que rechazaron las ideas que sonaban disonantes en sus cerebros, encontró que estos les recompensaban liberando endorfinas, narcóticos naturales que el propio cuerpo produce, inundando así su conciencia de sensaciones cálidas y placenteras.

 

En definitiva el mantenimiento de nuestras ideas preconcebidas y el rechazo de las nuevas como forma de resolver la disonancia nos llena de placer, a pesar de que incluso estemos equivocados. Es un tipo de corte de mangas, un… pírrico jódete que gano yo.

 

Si somos capaces, y nos va en ello mucho, hemos de evitar ser víctimas de este chantaje de nuestro pensamiento “triunfante”. Estemos atentos en diferenciar cuando nos asalta una disonancia perversa y cuando no, para poder en su caso interrumpir esa reacción emocional que nos impide sustituir alguna de las varias estrategias posibles para resolver el conflicto que se nos presenta. Cuando la nueva idea sea convincente intentemos trivializar la que tenemos asentada con más fuerza, sustituyéndola; de esta forma podremos, por ejemplo, mantener el mando del grifo del agua en el lado derecho siempre que no necesitemos usar el agua caliente.

 

¡Un saludo amig@s y a disfrutar!

 

Ramón J. Hernandez, @RamonRJH, Empresario de Energías Renovables y autor del blog www.ramonjhernandez.com.